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Hay otra cara de la moneda, la negativa. Si bien los efectos positivos no tienen una base científica sólida, desafortunadamente estos negativos sí.

El consumo de marihuana reduce la capacidad de concentración, reduce la motivación y el uso frecuente en los jóvenes puede ralentizar su desarrollo psicológico. Los consumidores pueden volverse ansiosos, tensos y desconfiados y, en casos extremos, paranoicos. Además, quienes consumen skunk (una mayor cantidad de sustancias activas) tienen la oportunidad de desarrollar dificultades adicionales, incluso esquizofrenia. El cannabis tiene un efecto deficiente sobre la coordinación y puede causar problemas al conducir o caminar.

La fuerza de esta adicción parece ser menor que la adicción a los cigarrillos o incluso al café. Aun así, la marihuana está causando una gran controversia.

Los consumidores, por un lado, enfatizan los efectos beneficiosos sobre la salud y buscan la despenalización o legalización. Por otro lado, hay quienes se oponen a ella ya sea porque la marihuana es adictiva, o por algunas actitudes tradicionalistas, o porque la marihuana puede llevar a la introducción de una droga más dura y, por tanto, a una nueva adicción; es bueno también conocer las diversas diferencia entre THC y CBD.

Hoy en día, el argumento más utilizado contra la marihuana parece ser que conduce a drogas más pesadas. Eso es cierto, pero no porque sea “similar pero más débil” que, digamos, la heroína. Si es así, primero debe prohibirse el alcohol.

La marihuana puede conducir a drogas más duras precisamente porque es ilegal. Para obtenerlo, el consumidor debe moverse en el “medio ilegal”. Mientras se mueven en un entorno así, existe una alta probabilidad de que se encuentren con otra droga (cocaína, heroína, etc.) porque se trafican de la misma manera, ilegalmente. Si la marihuana pudiera obtenerse legalmente, los consumidores ya no tendrían que encontrar canales ilegales y, por lo tanto, se alejarían del peligro potencial de cambiar a drogas más pesadas.

Los políticos de nuestro país son muy ruidosos sobre la marihuana, lo cual es lógico porque pueden reunir muchos votos antes de las elecciones. Sin embargo, es hipócrita que aquellos políticos que ponen la marihuana en el mismo contexto que las drogas duras no digan nada contra el alcohol que, a diferencia de la marihuana, es legal y testificante.

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